Un mayordomo personal que recuerda, anticipa y resuelve. Por voz, por escrito. Siempre presente, jamás visible.
Solicitar consideraciónCiro es un mayordomo personal. Le habla cuando lo necesita — desde el coche, desde la cocina, a las tres de la madrugada — y Ciro recuerda. Recuerda sus médicos, las fechas que importan, el restaurante donde le gusta sentarse junto a la ventana. Anticipa lo que va a necesitar antes de que tenga que pedirlo. No le hace ganar tiempo: le devuelve la atención.
Le dice a Ciro: "Recuérdame mañana llamar a Andrés antes de comer." Al día siguiente, a la hora, Ciro se lo recuerda. Le da el número. Le dice de qué hablaron la última vez.
Le dice a Ciro: "Resérvame mesa para cuatro el viernes, en algún sitio tranquilo." Está hecho. Ciro lo recuerda todo — también que prefiere las mesas apartadas.
Le pregunta a Ciro: "¿Qué le regalé a mi hija el año pasado?" Ciro lo sabe. Ciro recuerda lo que usted ha vivido con él.
Ciro reside en un pequeño equipo físico que instalamos en su domicilio, discretamente, en una primera visita. Cuanto le confía —su agenda, sus personas, sus costumbres— permanece en ese equipo, bajo su techo.
No se aloja en servidores ajenos. No viaja a la nube de un tercero. No se comparte con nadie. Ni siquiera con nosotros.
La discreción no es una promesa. Es una arquitectura.
Ciro atiende a un número finito de personas. Cada cliente recibe a su propio Ciro: una instalación en su domicilio, una primera conversación, un acompañamiento permanente.
En su primer año, Ciro abre su Círculo Fundador: cien miembros en España. Una vez completo, se cierra.
La cuota es de cuatro mil quinientos euros al año, con una instalación inicial. Cubre la presencia continua de Ciro, su mantenimiento y la confidencialidad absoluta del servicio.
Para ser considerado, basta con escribir unas líneas. Le responderemos personalmente.